Network in Suiza 



Esta semana estuve en Suiza, y una forma que encontré de reducir gastos fue... meterme a una agencia de escort. Sí, ¡una agencia!

Lo sé, suena raro, pero muchas personas me decían que en Suiza es casi imposible trabajar, que todo es carísimo y que hay más riesgo que en otros países… y, claro, como buena curiosa, no pude evitar venir a verlo de cerca. Aproveché la oportunidad y me metí en este mundo que, a simple vista, parece tan diferente al mío.

Acostumbrada a elegir mis propios clientes, me vi de nuevo en la incómoda posición de tener que desfilar para que me eligieran. Un espectáculo triste, como una feria de ganado, donde quien tiene más dinero se lleva el premio.

En nuestro tiempo libre, mientras esperábamos que los clientes tocaran la puerta, hablé con algunas chicas para entender por qué elegían este camino, hacer networking y conocer cómo veían su trabajo en Suiza, y si lo consideraban una mejor opción.

Lo que me llamaba la atención era que, a pesar de las historias de lucha y sacrificio, muchas ni siquiera pensaban en el futuro. Algunas hablaban de acumular bolsos caros, viajes de lujo y cirugías estéticas. No era una conversación sobre ahorrar o invertir en algo que les asegurara el futuro, sino de mantener una vida superficial. Había chicas jóvenes que no buscaban estabilidad, sino un "vacío dorado" lleno de objetos y experiencias, sin ningún plan a largo plazo. La pregunta es: ¿y después? ¿Qué les queda?

He visto chicas que se contradicen a cada frase. A veces dicen que les gusta este trabajo, pero en cuanto piensan en los riesgos a los que se exponen —atender a un drogadicto agresivo o a un psicópata que quiere hacerles daño— su visión cambia por completo. Muchas veces me pregunto si ellas realmente escuchan lo que están diciendo. Son niñas que ni siquiera saben lo que quieren de su vida, y eso es alarmante. Muchas carecen de cultura, educación y tienen una mentalidad vacía, dejando que la ilusión de glamour y dinero rápido las guíe sin pensar en las consecuencias reales de sus decisiones. Eso no es empoderamiento.

Lo más chocante es ver que la familia lo apoya. No importa de dónde venga ni el costo emocional o físico que esto signifique; lo único que parece importar es mantener un flujo constante de dinero. Ese "apoyo" disfrazado no es amor: es complicidad con la explotación, un negocio que sacrifica la dignidad y la seguridad de las mujeres a cambio de billetes. Familias que permiten esto dejan claro que, para ellas, el dinero vale más que la vida de sus propias hijas.

Convertir algo tan delicado en una moda pasajera refleja la falta de orientación, formación y proyectos de vida reales. Lo que parece diversión rápida puede transformarse en una trampa sin salida, y muchas no lo descubrirán hasta que ya sea demasiado tarde.

Antes, muchas mujeres entraban en este mundo porque no tenían otra elección, porque era cuestión de supervivencia. En mi caso, cuando entré, no fue por gusto ni por diversión: no tuve otra opción. Llegué desde otro país con un título universitario que no podía usar porque primero debía homologarlo. Pasé un tiempo en situación irregular, sin papeles, sin poder acceder a un empleo formal y, sin familia aquí ni un plan B, necesitaba dinero para sobrevivir. Volver a Brasil no era una opción. La única salida que encontré fue alquilar mi cuerpo.

No fue una decisión tomada a la ligera, sino la consecuencia de un sistema que no me ofrecía alternativas inmediatas. Nunca dejé de estudiar: pude homologar mi título, montar un negocio, cerrarlo, volver a empezar y seguir adelante.
No me dedico a este trabajo al 100%, y eso es un alivio.

Ejemplo de que todo es momentáneo es la historia de Clara-32 años (Galicia)
Una amiga que conocí cuando ella estuvo en Las Palmas —compartíamos apartamento— siempre mantuvo contacto conmigo, pero hacía tiempo que no daba noticias. Hace poco me enteré de que sufrió una sobredosis en una habitación de hotel.

El cliente, de manera totalmente irresponsable, la abandonó sola, y fue encontrada muchas horas después. Como consecuencia, pasó dos años en una silla de ruedas, sin ningún recurso financiero, sobreviviendo únicamente con la ayuda de amigas y asistentes sociales y todavia sigue con el lado derecho de su cuerpo paralizado. Y sigue trabajando*

Ana- 47 años (Alicante) La conoci en Escocia.
Hace un poco mas de 7 meses fue diagnosticada con cáncer, sigue trabajando porque no tiene otra opción. El único trabajo que ha tenido fue este, y ahora, sin apoyo de nadie, se enfrenta a la enfermedad completamente sola. Y sigue trabajando*

He visto también cómo algunas chicas se van a Dubái buscando el sueño del lujo, pero nunca regresan a casa. Se pierden, se deshumanizan, atrapadas en un sistema que las ve solo como cuerpos para el placer de otros. Algunas incluso terminan siendo víctimas del tráfico humano e, incluso, de situaciones extremas como el canibalismo humano.

Lo que tengo claro es que cuando una de nosotras se enferma, no tenemos nada.

Muchas, aunque se dediquen a esto durante años, no tienen ahorros, ni propiedades, ni futuro. 
Solo un presente vacío, viviendo al dia.

Por eso me duele ver cómo hoy tantas chicas entran en este camino como si fuera un pasatiempo o una moda, sin comprender el peso real que conlleva.
Para mí, fue supervivencia. Para ellas, parece un juego.