Nunca me reí tanto en un date
Una vez, un cliente solicitó una cita y al principio todo parecía normal. Estábamos hablando y riéndonos un poco; era el primer contacto, lo típico: preguntar cosas de su vida y fingir interés…
Hasta que de repente me preguntó dónde estaba el baño. Mientras estaba allí, empezó a gritar para que subiera el volumen de la televisión. Yo no sabía si reír, llorar o salir corriendo; todo era absolutamente absurdo.
Cuando finalmente salió del baño, estaba completamente rojo de vergüenza y no dejaba de disculparse. Me dejó más dinero del acordado y se marchó del apartamento sin decir nada más.
Nunca me he reído tanto en un date. Fue horrible en el momento para él, pero para mí fue icónico; es imposible recordarlo sin reírme sola.
"Para el protagonista de esta historia: ¡gracias por hacerme reír tanto!"