Entre enfermedades y dinero: la realidad que la PrEP no protege
Dinero, necesidad y riesgos invisibles.
En Suiza, algunas trabajadoras sexuales recurren a PrEP para poder trabajar sin condón, pero lo que parecía una protección termina dejando huecos peligrosos en su salud. Y no lo hacen porque quieran, sino porque el cliente paga más y porque la necesidad manda.
La presión económica limita la autonomía de decisión sobre su propio cuerpo y salud.
La PrEP es un avance brutal contra el VIH, sí. Pero verla usada como sustituto de un sistema que debería proteger a estas mujeres me parece una derrota social. Porque al final, no estamos hablando solo de un medicamento, sino de cómo la precariedad obliga a la gente a arriesgar su salud.
Tomar PrEP sin control médico puede traer consecuencias serias: daños a los riñones, bajada de defensas que aumenta la vulnerabilidad a otras enfermedades, resistencia viral si no se toma correctamente y la falsa sensación de seguridad que hace que se deje de usar condón, aumentando el riesgo de otras infecciones como sífilis, gonorrea, clamidia o hepatitis C.
Lo más fácil sería culparlas: "¿Por qué no usan preservativo?" Pero la pregunta correcta es otra: ¿por qué seguimos aceptando un mercado donde la vulnerabilidad se compra y se vende, mientras el Estado se lava las manos? Y también: ¿por qué tantos hombres siguen creyendo que su placer vale más que la salud de otra persona, ofreciendo más dinero con tal de hacerlo sin protección? Eso alimenta el problema y normaliza el riesgo.
Mi amiga lo sabe muy bien: hace tres años le diagnosticaron hepatitis C, y ahora, por esa enfermedad y el tratamiento que recibe, no puede recibir el tratamiento contra el cáncer que también padece.
Su historia muestra que una pastilla no es suficiente. La ciencia puede dar herramientas, pero cuando el cuerpo se convierte en un campo de batalla entre enfermedades, la medicina moderna también tiene límites.
La contradicción es brutal: un país moderno, con un sistema sanitario que presume de eficiencia, y al mismo tiempo mujeres que se ven obligadas a medicarse solas para sobrevivir, o personas como mi amiga, atrapadas entre enfermedades que chocan entre sí.
Y lo más grave: lo tratam como si fuera normal ofrecer más dinero para ponernos en riesgo.
No puedo describir el asco que siento cuando me llega un mensaje pidiendo que lo haga sin protección, y aún peor, cuando dicen: '¿y si lo hacemos solo anal sin protección?
Lo siento, pero jamás podré entender qué pasa por la cabeza de esos psicópatas. No se trata solo de dinero ni de deseos: la protección es obligatoria y mi bienestar no se negocia."
Quizás no soy moderna, y es cierto que ya hay medicamentos para muchas enfermedades… pero de una cosa estoy segura: no voy a poner en riesgo mi salud ni mi dignidad por dinero o por los deseos de otros y con una pastilla no se puede arreglar todo.
No basta con tecnología médica.
Si no hay justicia social —y si quienes aprovechan la vulnerabilidad ajena no asumen responsabilidad—, todo lo demás son solo placebos para tranquilizar conciencias.
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*Lo que pocas personas saben sobre nosotras, las trabajadoras sexuales, es cómo manejamos nuestra salud en un mundo que a veces nos ignora. Lo descubrí en mi propia experiencia mientras estuve en Suiza, y es algo que casi nunca se divulga públicamente.
¿Cómo conseguimos ciertas cosas? Para quienes estamos en este entorno, muchas drogas y medicamentos —desde Viagra y Ozempic hasta algunas otras sustancias— se encuentran con relativa facilidad. Llegan a nosotras vía WhatsApp, contactos directos o personas que simplemente nos los ofrecen. Esto no es secreto, pero tampoco algo que el público general vea o entienda: es nuestra realidad, y tiene un impacto directo en nuestra salud.
La PrEP, por ejemplo, es una herramienta poderosa para prevenir el VIH, pero su eficacia depende de un uso responsable y controlado. Sin un seguimiento médico adecuado, su consumo puede generar riesgos serios: interacciones con otros medicamentos, efectos secundarios o incluso resistencia viral en casos extremos.
No escribo esto para alarmar, sino para abrir los ojos sobre una realidad que pocos reconocen. Nuestro trabajo muchas veces ocurre en la sombra, y ciertos temas de salud nunca se discuten como deberían. Hablar de ello es un paso para visibilizar nuestra vida, nuestra profesión y fomentar prácticas más seguras y conscientes, sin tabúes ni juicios.
Fernanda Souza 💋