Anécdotas de mi vida laboral
07.03.2026
El hombre-perro en Londres
Una vez, cuando estuve en Londres, respondí a un mensaje que, con el inglés que yo hablaba, entendí totalmente mal. No tenía ni idea de lo que me esperaba.
Resulta que el hombre quería que lo tratara como un perro. Sí, como un perro.
Cuando llegó, lo primero que hizo fue tirarse a mis pies. Yo me quedé paralizada. No sabía si estaba frente a alguien con un trastorno mental gravísimo o si simplemente había perdido todo sentido común.Llamé a mi compañera de piso en pánico, y ella, con una calma que yo solo podía envidiar, empezó a hablarle "como una profesional".Yo no podía más que reír de nervios.
Mi amiga se puso firme: le dio órdenes, le hizo sentarse como se hace con un perro y cogió el dinero sin dejar que yo tuviera que interactuar más de lo necesario. Él quería besar mis pies y yo… bueno, no podía ni mirar. Solo sentía asco 🥲.
La situación duró casi una hora, y fue horrible para mi una tortura. Pero mi amiga supo manejarlo a la perfección: le dio agua de… un sitio poco higiénico, escupia y el limpiaba, le dio alguna patada un tanto dolorosas…
Una vez, cuando estuve en Londres, respondí a un mensaje que, con el inglés que yo hablaba, entendí totalmente mal. No tenía ni idea de lo que me esperaba.
Resulta que el hombre quería que lo tratara como un perro. Sí, como un perro.
Cuando llegó, lo primero que hizo fue tirarse a mis pies. Yo me quedé paralizada. No sabía si estaba frente a alguien con un trastorno mental gravísimo o si simplemente había perdido todo sentido común.Llamé a mi compañera de piso en pánico, y ella, con una calma que yo solo podía envidiar, empezó a hablarle "como una profesional".Yo no podía más que reír de nervios.
Mi amiga se puso firme: le dio órdenes, le hizo sentarse como se hace con un perro y cogió el dinero sin dejar que yo tuviera que interactuar más de lo necesario. Él quería besar mis pies y yo… bueno, no podía ni mirar. Solo sentía asco 🥲.
La situación duró casi una hora, y fue horrible para mi una tortura. Pero mi amiga supo manejarlo a la perfección: le dio agua de… un sitio poco higiénico, escupia y el limpiaba, le dio alguna patada un tanto dolorosas…
Lo puso a limpiar los zapatos y a caminar por todo el piso en cuatro patas mientras le daba patadas y escupía. Todo sin que yo tuviera que tocarlo. No hubo sexo, ni masaje, ni nada de lo que uno podría esperar de un "encuentro".Cuando todo terminó, me quedé flipando con esa locura, pero después, entre mi amiga y yo, no podíamos parar de reír. Mirábamos hacia atrás y las locuras vividas parecían escenas de comedia absurda.
A veces, lo más traumático se convierte en la anécdota más surrealista de tu vida profesional. Y créanme: esta historia tiene ese sello.