Eso ni Freud explica
Muchas veces utilizo este blog como un espacio para desahogarme, para hablar de mis angustias y mantener mi salud mental mientras navego por un trabajo que elegí para sobrevivir. Sí, a veces hablo mal de él, reconozco que puede ser duro, crudo y agotador.
Pero no todo es negativo.
De vez en cuando, ocurren cosas inesperadas: conoces a alguien que te hace sentir algo diferente, un toque que rompe la rutina, un orgasmo visceral que sacude tus sentidos y emociones y te recuerda que incluso aquí, en este mundo que muchos juzgarían, hay momentos de conexión humana genuina.
Me alegra poder decir que he conocido personas distintas, y que no todos son pervertidos enfermos buscando un agujero para desahogarse.
Algunos muestran respeto, curiosidad y sensibilidad; algunos encuentros trascienden lo físico y se vuelven auténticos, icónicos. Esos momentos me enseñan que incluso en las situaciones más inesperadas, la humanidad puede sorprenderte.
Toda esta experiencia también me inspiró a elegir la psicología como mi camino profesional.
Estoy cursando mi primer año de Psicología.
Elegi seguir interactuando con personas con secretos, curiosidades y pequeños enigmas para descifrar, solo que en un contexto diferente. Haber convivido con mentalidades diversas y formas de pensar únicas ha sido invaluable.
Cada encuentro me enseñó algo sobre la mente, sobre emociones, deseos y conexiones, y sé que todo eso será un aprendizaje que llevaré conmigo para toda la vida.
Entre tanto caos y mentes caóticas, hay quienes destacan por hacer que todo sea fácil, divertido y memorable. No todos pueden, y los que sí…
"He conocido a tres o cuatro personas con quienes todo encaja desde la primera vez: conversaciones fáciles, risas compartidas y respeto mutuo. Esos encuentros me recuerdan que, incluso en un trabajo transaccional, lo humano puede aparecer sin avisar."
Trabajar en este ámbito me enseñó que cada persona es un mundo, y que incluso en contextos donde todo parece transaccional, pueden surgir momentos de auténtica humanidad y aprendizaje mutuo.
Reflexiono a menudo sobre lo que esto significa: ¿cuánto de lo que juzgamos de los demás revela más sobre nosotros mismos que sobre ellos? ¿Cuántas veces subestimamos la complejidad humana porque preferimos simplificarla en estereotipos?
Al final, este trabajo no es solo una forma de sobrevivir: es un espejo de lo que somos, de lo que buscamos, de lo que nos mueve y, a veces, de lo que ni siquiera nosotros entendemos completamente. Y aunque a veces sea duro hablar de él, también me permite celebrar esas conexiones inesperadas y pequeñas epifanías que, curiosamente, me impulsan a seguir explorando la mente humana en todas sus facetas.
“Cobro por sexo y escucho mentes caóticas… y adivinen qué: aprendo más sobre la condición humana que con cualquier teoría bonita de libro. A veces me río sola imaginando que, si Freud hubiera tenido un diario secreto lleno de clientes como los míos, probablemente se habría divertido mucho.
Fernanda Souza 💋